Después de seis
horas llegamos al lugar donde estaba la piedra, se llamaba Cachena, y acampamos junto a una laguna, el entorno era
maravilloso, pero nosotros estábamos tan cansados que no teníamos tiempo de
apreciar el paisaje, solo podíamos pensar en dormir. Al día siguiente Evaristo salió temprano con los burros, hoy viajaría solo hasta Yuracorral nosotros pretendíamos subir a algún vehículo para que Jaime pudiera recuperase evitando andar ese día cinco horas, a nosotros también nos favorecía pues así estaríamos más descansados para subir al campo base del Pisco esa misma noche.
Esperamos durante horas a que pasara algún vehículo y al fin después de seis largas horas se detuvo un camión, al trepar a la caja de madera descubrimos que en su interior había un grupo de jóvenes armados con fusiles militares y sus caras tapadas con pasamontañas, nos quedamos de piedra, pues no estaban uniformados como un ejercito regular pero no nos atrevimos a decir nada y allí compartimos vaivenes y saltos del camión con aquellos paramilitares que no dejaban de mirarnos y preguntarnos la altura a que nos encontrábamos en cada momento, les llamaba mucho la atención nuestro altímetro.






